De verdad, cada vez que vemos carteles de cine polacos nos quedamos patidifusos. ¿Cómo puede existir semejante abismo entre la iconografía cinematográfica de la mayoría de los países occidentales y la vieja Polonia? Dentro del arte de los carteles de cine, los diseñadores polacos van por libre.
Alfred Hitchcock, Los pájaros, 1963Según nos cuenta la web especializada cinemaposter, la mayoría de escritores occidentales se limita a dar la opinión de que el particular caso polaco debe considerarse como un residuo comunista más, propio del momento político en el que se desarrolló. Sin tener en cuenta el hecho de que los artistas gráficos polacos se beneficiaban de estar completamente libres del yugo comercial y que, en consecuencia, podían permitirse renunciar por completo a los propios iconos, imágenes o frases publicitarias de las películas.
Henryk Tomaszewski, Tadeusz Trepkowski y Eryk Lipinski fueron los tres artistas pioneros contratados en 1946 por el Film Polski (monopolio estatal de distribución cinematográfica) para diseñar posters.
Walerian Borowczyk, Cuentos inmorales, 1974
A finales de los cuarenta, el clima político cambió y se introdujo el realismo social, desplazando el estandar acuñado durante esos años. En 1955 desaparece la policía stalinista y con ella, sus restricciones, esto provocará una explosión de talento que se mantendrá hasta 1965. Nuevos artistas desarrollan un nuevo espectro en el que cada uno opta por su propio estilo, ya sea más pop, más impresionista, más hermético, etc...
Desde mediados de los años setenta hasta mediados de los años ochenta se genera una atrofia que deja a los artistas sin ideas nuevas. En los ochenta, los pocos que quedan en la profesión se politizan y apenas hay diseñadores jóvenes que aporten aire fresco.
Richard Donner, La profecía, 1977
Finalmente, en 1990 termina el monopolio estatal sobre la distribución cinematográfica y ésta cae en manos privadas: Warner, Paramount, etc... El arte del cartel polaco que conocemos hasta entonces desaparece. Los cines polacos exhiben la misma publicidad vista en USA. Sólo algunos artistas continúan una labor que jamás será vista en las calles o en los cines, que se verá restringida a un ámbito de galerías y en series limitadas, de trescientos a quinientos ejemplares.
Hasta aquí lo que nos cuenta cinemaposter. Sin embargo, en esa misma web hemos encontrado buena muestra de trabajos realizados a partir de los años noventa, suponemos, en su faceta minoritaria para coleccionistas.
Gus Van Sant, My own private Idaho, 1991
La enorme sorpresa que nos sacude cada vez que vemos un nuevo cartel de cine polaco debemos buscarla en el radical alejamiento por parte de los diseñadores de la estética mayoritaria difundida por las grandes compañías de distribución norteamericanas y europeas, eso está claro. Y no queremos en entrar en debates, pero nos parece evidente que una manifestación tan singular de cultura pop, como es el caso del cartelismo cinematográfico polaco, sólo es imaginable en un lugar que ha tenido serios dimes y diretes con el capitalismo.
Pedro Almodóvar, La mala educación, 2004 + Info: cinemaposter polishposter poster.com.pl